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Título

77 CAMINOS DE SAMARCANDA -ALTAIR REVISTA (2ª EPOCA)
LA RUTA DE LA SEDA EN ASIA CENTRAL

Autor(es) AA.VV.
ISBN
Editorial Altaïr Revista
Idioma Castellano
P.V.P. 5.95 €
N Páginas 162
Medidas
Año de edición 05/2012
Naciones en busca de una identidad Atesora la magia de los grandes mitos: Tombuctú, Isfahán, Manaos, Mandalay, Ushuaia, Samarcanda… Sus puertas las atravesaron caravanas cargadas con objetos, riquezas, ideas y creencias, que fluyeron entre China y el Mediterráneo a lo largo de siglos. No cuesta imaginar el deleite de aquellos mercaderes después de la penosa travesía del desierto, o de remontar los aterradores pasos del Pamir y del Tian Shan. Pero Samarcanda fue solamente una cuenta en una larga ristra de ciudades que prosperaron al pie de la Ruta de la Seda: Kasgar, Osh, Qoqan, Merv, Mashad, Bagdad… Algunas sucumbieron al tiempo y a la violencia humana, que nos las arrebataron para siempre. Otras, en cambio, resistieron hasta que pudieron restaurarse. Hoy lucen rutilantes: Samarcanda, Bujara, Jiva…
 
Esa cultura urbana se contrapone a la identidad nómada, ganadera, de otra parte de la población de Asia Central. En unos casos, debida a la avaricia de los páramos de Turkmenistán o Kazajistán. En otros, por la inclemencia de unas montañas que convocan a los pastores cuando llega el verano, pero los expulsan a los valles bajos en cuanto asoma el otoño. No se debe olvidar que Kirguistán y, sobre todo, Tayikistán tienen cumbres que superan los cinco, seis e incluso siete mil metros de altitud.
 
Esos cuatro países, más Uzbekistán, se vieron abocados a una independencia no deseada en 1991, tras el desplome de la Unión Soviética. Entonces se respetaron las fronteras trazadas entre 1924 y 1936, ignorando cualquier criterio geográfico o cultural. Esas fronteras son un galimatías que envenena la convivencia entre vecinos.
 
Seguramente los dirigentes rusos que se desprendieron de Asia Central ignoraban los tesoros que hay en su subsuelo: petróleo, gas, uranio, oro… Esas riquezas naturales nutren hoy las arcas de unos regímenes que gestionan sus naciones como si fuesen propiedades privadas, fincas particulares. Algunos erigieron ciudades fastuosas y estrafalarias, como Asjabad o Astaná, creadas para ensalzar al caudillo de turno. Ninguno parece preocupado por el futuro ambiental de unos países que afrontan desafíos ecológicos muy graves, como prueba la pavorosa belleza dejada en el paisaje por el retroceso del mar de Aral.
 
Agradecemos a Germán Aguilar, Víctor Molero, Marc Morte y Sebastian Stride su generosa ayuda durante la preparación de este número dedicado a Asia Central.

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